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¿Cómo es la vida de un gerente medio?

Michelle Davis, recogiendo a sus hijos en el campamento de verano.
El estacionamiento de Fair Isacc Corp. en San Rafael, California, está vacío cuando Michelle Davis llega a las 6 a.m.
Durante las siguientes ocho horas y media la directora de analítica de 36 años pasará de una reunión a otra durante casi todo el día en FICO, una empresa conocida por calcular calificaciones de crédito en Estados Unidos. A las 2:30 a.m., esta madre de tres hijos se va del trabajo para recoger a sus niños a la salida del campamento de verano. Técnicamente, ya terminó su jornada laboral, pero seguirá revisando suBlackBerry hasta la noche.
Bienvenido al mundo de la gerencia intermedia en 2013. Con 14 años de carrera en FICO, Davis está en el medio de la alta gerencia y los soldados rasos, y supervisa tres empleados directos más otros tres subordinados. Su empleo la da la libertad de dirigir proyectos y proponer ideas nuevas, pero también tiene sus limitaciones.
Al igual que sus pares de nivel medio en el rubro minorista y en otras industrias, tiene muchas obligaciones pero poca autoridad, superiores y subordinados que mantener contentos y días cuando su agenda apenas está bajo control, llena de reuniones o consumida con crisis repentinas.
Los gerentes de nivel medio —unos 10,8 millones en EE.UU. el año pasado, según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU.— suelen ser desestimados como oficinistas con tareas burocráticas, que perpetúan la mentalidad de rebaño y como símbolos de expansión innecesaria. Pero expertos en gerencia sostiene que son una capa esencial en una empresa, al convertir en acción la estrategia de las altas esferas, día tras día. Sin embargo ser gerente sin mucha autoridad es estresante, y las oportunidades de avanzar son limitadas.
Lo que ahora es diferente es que las empresas tienen plantillas más reducidas que nunca, lo cual demanda más del personal al mismo tiempo que invierten en tecnología que amenaza con eliminar muchos empleos. Las empresas les piden a los gerentes que hagan más, los desafían a crear e innovar mientras que desarrollan empleados con talento y cumplen con sus obligaciones.
La rutina

Sobre jefes malos, escoger batallas y el valor de contestar "no lo sé"

Carol Bartz, las lecciones aprendidas en su carrera profesional
Carol Bartz es muy conocida en Silicon Valley por dos motivos: es una ejecutiva importante de algunas de las más conocidas empresas de tecnología —Sun Microsystems, Autodesk y Yahoo, entre otras— y dice todo lo que piensa, en general con el estilo crudo y sin rodeos de la persona que la crió, su abuela, dueña de una hacienda dedicada a los productos lácteos en Wisconsin.

Ambas características, sobre todo la segunda, salieron a relucir en diciembre, cuando Bartz, de 64 años, habló ante un público que llenó la sala del "Women's Event" (Evento para Mujeres) en el campus de San Francisco de Wharton. El tema que escogió: qué le diría a sí misma si tuviera 30 años. A juzgar por la charla ofrecida, todo indica que si esa conversación hubiera tenido lugar en realidad, la joven Bartz habría oído de todo.
Algunos ejemplos: los malos jefes pueden ser tan instructivos como los buenos; no tengan muchas amigas, y no teman usar la frase "no lo sé" tantas veces como sea necesario.


Las 15 reglas de oro sobre dinero para su hijo


Quizá tenga que repetir las lecciones decenas de veces, pero al final lo escucharán

Los niños y el dinero, simple matemática: desde que nacen hasta que se gradúan de la universidad, los hijos consumen dólares como si fueran caramelos.

Las demandas financieras de criar un niño exigen que el dinero que podría ahorrar para su jubilación o para comprar una casa mejor, un auto deportivo o unas vacaciones más lujosas, debe, necesariamente, ser reservado para visitas al pediatra, uniformes escolares, juguetes, cuentas de ahorro para la universidad, una minivan, un viaje a Disneylandia y otros, por qué no, caramelos.

No digo esto para menospreciar a los niños. Yo tengo dos, y el dinero no es nada comparado con la felicidad que nos dan a mí y a mi esposa. No obstante, eso no quita el hecho de que cuando llega un niño —en realidad, meses antes de que llegue— su papel como adulto cambia de forma radical. Al igual que las finanzas de su familia.

No sólo tendrá que gastar decenas de miles de dólares durante las próximas dos décadas, sino que además tendrá la obligación de orientar a sus hijos sobre el dinero para que de adultos se adapten bien al mundo financiero y tengan una saludable relación con sus ingresos. Usted, como padre, es el primer y más importante eslabón en ese proceso de aprendizaje.

Mucho que enseñar

Para medir qué tan bien los alumnos de décimo segundo grado comprendían los aspectos básicos de las finanzas personales, la organización sin fines de lucro Jump$tart, una coalición que promueve el desarrollo de habilidades de manejo de dinero entre los estudiantes, halló que apenas 10% podía responder preguntas sobre finanzas de manera satisfactoria. En total, cerca de la mitad de los estudiantes reprobaron un examen sobre conocimientos básicos de finanzas personales.

Sin embargo, la vida adulta requiere esos conocimientos y, por lo tanto, los niños necesitan mejor información para manejar sus recursos de forma más efectiva en el futuro.

Los niños tienen una capacidad infinita para escuchar lo que dicen sus padres, incluso cuando creemos que no han escuchado ni una palabra. El concepto que quiere explicar tal vez no sea captado por su hijo la primera vez. O la tercera o la octava. Pero llegará el momento en que lo que diga por enésima vez, y la forma en que lo exprese, el ambiente o la experiencia que su hijo acaba de tener, harán que su lección sea asimilada casi milagrosamente. Quizá no lo note en ese momento, pero lo sabrá cuando vea u oiga a su niño aplicar sus lecciones.

Hace cerca de un año, cuando volvíamos de un partido de fútbol de mi hijo, un lujoso auto deportivo pasó al lado nuestro y el compañero de mi hijo que viajaba con nosotros dijo: "Wow, ese tipo es rico".

Mi hijo, concentrado en su consola de videojuego portátil, levantó la vista y respondió: "No es cuánto dinero gastas lo que te hace rico. Ese tipo quizá se gastó todo su dinero en ese auto y no tiene nada más. Así que podría no ser rico en absoluto".

Eso demostró que Mamá y Papá realmente pueden hacer una diferencia cuando deciden inculcar un poco de sabiduría financiera en sus hijos. Pero el comentario de mi hijo no estaba basado en un solo sermón que le había dado. Las lecciones habían empezado temprano, y su mamá y yo las reiteramos una y otra vez.

Los niños son más fáciles de impresionar, pero eso no quiere decir que no puedan deshacerse de costumbres o creencias. Aun así, sus mensajes no tendrán tanta fuerza si los comunica cuando ya son adolescentes. Habrá hecho su trabajo si su hijo, cuando sea adulto, comprende las bases de las finanzas personales. Ese será un legado mucho mayor que cualquier herencia que pueda dejarle.