
Para cultivar el conocimiento y las competencias personales, muchos ejecutivos recurren a postgrados, maestrías o doctorados, los cuales generalmente son onerosos, pero con frecuencia las empresas en las que se desempeñan cubren gran parte de esos costos y también existen créditos bancarios especialmente diseñados para ese fin.
Seleccionar el tema objeto de estudio no siempre es fácil y requiere análisis previos. Según expertos en la materia, lo primero es tratar de discriminar qué temas son relevantes y cuáles no, en función de los intereses de cada profesional, de la empresa en la que labora y de los planes de carrera dentro o fuera de la misma.
La meta de la formación es mejorar el desempeño, las competencias y la actitud ante los desafíos profesionales, aunque también se necesita mantener la visión en aspectos filosóficos que ayuden a la persona a proyectarse sin desviarse de sus áreas de interés profesional.
Muchas veces la empresa empuja a alguno de sus gerentes a hacer cursos en áreas en las que la organización necesita refuerzo, sin que este tenga una motivación real. En esos casos, al ejecutivo le conviene explicar cuál es su preferencia vocacional y no aceptar hacer estudios que, a la larga, serán una pérdida de tiempo para todos. Es difícil que una persona mantenga actividades que no se correspondan con sus inclinaciones.








