Un dolor de cabeza "mundial" para las empresas


Estados Unidos, en su larga marcha para ingresar al amplio grupo de países fanáticos del fútbol, comienza a mostrar una de las características de los países febriles: dejar de trabajar para ver la Copa del Mundo.

Antes, EE.UU. era casi inmune a esa fiebre. Pero este año, la curiosidad se ha hecho presente con más fuerza. En la apertura de la Copa el viernes, México y Sudáfrica jugaron a media mañana del día laboral, hora de la costa este de EE.UU., que incluye grandes ciudades como Nueva York, Boston y Miami.

Aún así, la transmisión en vivo en línea de ESPN, a la que sólo se pudo acceder en EE.UU., atrajo a más de 500.000 espectadores, un 178% más que el récord anterior en el sitio del canal de cable, registrado durante un partido de fútbol americano en 2009.

Nevada Smiths, un bar muy frecuentado en Nueva York, estaba repleto el viernes por la mañana debido al partido, indicó el dueño del establecimiento, Jack Keane. "Un montón de gente está viniendo del trabajo", afirmó, gritando para hacerse escuchar en medio del barullo. "Ya la mayoría está tomando trago".

Algunos estadounidenses que dejaron el trabajo para ver el partido demostraron más entusiasmo que conocimiento. Cuatro gerentes de agencias de Sovereign Bank, propiedad de Banco Santander SA, tenían una reunión el viernes y debían volver al trabajo. Pero en cambio, a las 2.30 de la tarde, hora local, ingresaron al bar O'Lunney's Pub en el centro de Manhattan para ver el partido entre Francia y Uruguay. Les daba curiosidad ver algo del torneo. Hasta sabían el nombre de uno o dos jugadores de la selección estadounidense: el mediocampista Landon Donovan.

En Pony Xpress Printing Inc., en Garland, Texas, el socio principal Jeff Henderson originalmente les dio a sus empleados —muchos de ellos de origen mexicano— la oportunidad de trabajar horas extra los días previos para que pudieran tomarse libre el viernes para ver el partido de México. Pero el miércoles, la empresa de impresión de pantallas de 45 empleados recibió grandes pedidos urgentes que requerían el trabajo de todo el personal el viernes.

Con el temor de que los empleados se declararan enfermos para no acudir al trabajo, Henderson y sus tres socios llegaron a un acuerdo: les dijeron que tendrían que ir a trabajar pero que habría televisores que proyectarían el partido en el depósito y la sala de conferencias. "Se podía ver la desilusión en las caras de algunos", sostiene.

Todos fueron a laborar, afirma, pero reconoce que hubo "una menor producción". Henderson, que también es fanático del fútbol, dijo que sólo podía conversar con un periodista durante el entretiempo.

Claro que esta situación dista de lo que ocurre en países tradicionalmente futboleros cuando juega su selección. En el Reino Unido, las pérdidas de productividad relacionadas con la Copa del Mundo podrían bordear los 1.000 millones de libras esterlinas (US$1.450 millones), según una encuesta del Chartered Management Institute.

Y, claro, hay casos como el de Paraguay, donde el presidente Fernando Lugo decretó un feriado el lunes 14 para que la gente pudiera ver el empate de la selección de su país frente a Italia.

Las posibilidades de que haya un feriado nacional futbolístico en EE.UU. son muy bajas, pero los números de audiencia de esta Copa pueden indicar que habrá más dolores de cabeza para las empresas del país.

Casi 13 millones de personas vieron el partido de la selección estadounidense contra Inglaterra el sábado pasado, que terminó igualado a un gol, por el canal ABC, de Walt Disney Co., y 3,8 millones lo vieron por el canal en español de Univision Communications Inc., según cifras preliminares de los canales. Fue el partido de fútbol de mayor audiencia en ABC desde 1994 y el segundo del canal de deportes ESPN, también de Disney. La audiencia combinada casi llegó al nivel de las finales de básquetbol de la NBA, entre los Celtics y los Lakers, cuyo promedio fue de 16,4 millones de espectadores.

Fuente: WSJ Americas
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